LA ANTIESTÉTICA SONRISA DE HILLARY CLINTON

El Mundo AZUCENA S. MANCEBO

Es normal que a Hillary Clinton le cueste echar la vista atrás en el tiempo. A los 90, por ejemplo, ya que ese viaje le podría suponer recordar a cierta becaria de Bill, su marido. Pero es que también de esa década datan los antiestéticos empastes negruzcos de sus muelas que ha mostrado esta semana tan abiertamente (por aquello de la amplitud de su sonrisa), en Des Moines (Iowa).

Son, asegura Gabriel García, de la Clínica Argensola, de amalgama de plata(una aleación de mercurio) que, aunque se siguen enseñando en las facultades de Odontología, no se emplean “por estética” desde hace unos 20 años y han sido sustituidos por unas de “color diente”, terminología científica aparte, como apunta el también profesor de biomateriales de la Complutense.

La candidata del partido demócrata, única mujer hacia La Casa Blanca, debería aprovechar algún hueco entre mitin y mitin y hacerle una visita a su dentistapara sustituir sus viejos empastes por unos mucho más discretos a los que se usaban cuando ella arregló sus caries.

Y ojo, que la cuestión no es tan baladí como a priori pudiera parecer, por aquello de ser un tema sobre la belleza, de esos que los sesudos llaman “superficial”. De hecho, su carrera presidencial podría verse favorecida. Lo dice un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), de Estados Unidos, de 2011, según el cual, la apariencia física de los candidatos políticos condiciona la decisión de voto. Influye sobre todo, asegura la investigación, en un determinado sector del electorado: ciudadanos con escaso nivel cultural y formativo que pasan además muchas horas al día viendo la televisión. Un medio que se convierte en pieza clave en las elecciones norteamericanas.

Desde luego, a Hillary no le vendría mal rascar unos cuentos apoyos más tras su empate técnico con Bernie Sanders (su rival) en Iowa y la aparente ventaja con la que éste parte para las primarias de New Hampshire de este martes, según dicen las encuestas.

En cualquier caso, Clinton no es, ni mucho menos, nueva en estos maridajes de estética y política. La demócrata ya restauró algunas piezas de su boca hace tiempo con coronas y es posible que se realizara tratamientos estéticos labiales o peribucales para enseñar menos encía, además de alguno ortodoncio, periodental o blanqueamiento previo, apunta Gabriel García. Todas esas intervenciones mejoraron considerablemente su sonrisa y su imagen pública.

RESTAURACIÓN COMPLETA

Tan sabedora es la que fuera primera dama de Estados Unidos de la importancia de la estética en el coso político que antes de hacer público que se presentaba al maratón hacia el Despacho Oval, se sometió a un cambio físico tan drástico que ni los programas de televisión que transforman patitos feos.

Perdió peso, se infiltró grasa en los pómulos para alisar su tez, se hizo un lifting en el cuello para disimular descolgamiento, se aclaró el pelo aún más y se dio mechas platino para darle más calidez a su rostro y resaltar sus ojos azules, se hizo un lifting muscular en la cara para quitar arrugas y mantener joven el óvalo facial y una blefaroplastia para quitar patas de gallo.

Su objetivo, quitarse 15 años de encima. Funcionó: a sus 68, aparenta menos edad que a los 50. Aunque, es más que evidente su paso por quirófano. Tanto como sus viejos empastes que podría cambiar, aunque tal vez no lo haga por aquel dicho de “más vale malo conocido” que ya usó también en los 90, con su marido Bill.

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